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Adaptar del teatro al cine: “El perro del hortelano” de Pilar Miró

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Escena en El perro del Hortelano (Dir. Pilar Miró) [1:05:18]
Adaptar del teatro al cine: "El perro del hortelano" de Pilar Miró.  Post de Alec R.

Esta semana cambio de foco entre adaptaciones de la novela en el cine para pensar en el teatro del siglo de oro en el cine español. Analizo una obra clásica de la edad de oro, El perro del hortelano de Lope de Vega en diálogo con la película de Pilar Miró del mismo nombre. La película de Miró de 1996 fue aclamada en todo el mundo hispánico. Miró y su obra ganaron siete premios Goya, los premios al cine más importantes de España.  El éxito de la película de Miró es único y merece una explicación. Lo que atribuyo a este aclamación es la manera en que Miró utiliza los espacios psicológicos para sustituir por la íntima relación entre audiencia y espectáculo que es único al teatro.

La diferencia más potente entre el teatro y el cine es la relación entre la audiencia y el espectáculo. En el teatro este diálogo entre actor y audiencia es lo que define una presentación. Siguiendo al teórico Christian Metz, se puede decir que la falta de distancia

entre obra y espectador crea un tipo de ficción específica que es directa y comunal. En el cine la falta de relación concreta permite una explosión de espacio imaginario que es voyerista en vez de físico. Por eso, por ejemplo, vemos el uso del simbolismo de modo más amplio en el teatro que en el cine. Un símbolo puede distanciar a una persona de una obra, interrumpe la realidad implícita, pero en el teatro la relación física salva la ficción.

La intimidad física entre una obra y el espectador es particularmente importante con el drama El perro del hortelano. En la multiplicidad de relaciones que nos provoca tensión sexual,  la proximidad de la trama provee la sensación real de estos sentimientos, sobre todo con las reuniones secretas, las miradas escondidas, la agonía del amor y vuelta a la vida. Por ejemplo, unos de los momentos más sensuales de la obra son los sonetos que revelan las opiniones personales de nuestros protagonistas. La interacción entre la poesía y el teatro presenta un romanticismo profundo que destaca la importancia de estas palabras. Estas diferencias textuales capturan nuestra atención porque los actores aparecen directamente mostrando la audiencia la diferencia en una manera performativa.

La adaptación cinematográfica de esta obra de Lope necesita capturar la intimidad y tensión física que nos atrae al teatro y que amplía la comicidad y sentimentalidad de la obra. Pilar Miró, en su versión de El perro del hortelano, transforma esta proximidad porque la directora crea un espacio psicológico fuerte que replica la relación intima entre el espectador y la obra en el teatro y entre los actores y la palabra lírica y poética. Para sustituir por la intimidad del teatro, Miró introduce un espacio psicológico que provee una relación entre el espectador y los personajes en la pantalla. Otra vez, los sonetos de la obra ejemplifican la manera que Miró utiliza diferencias textuales y las convierten en símbolos visuales. Cuando la Condesa de Belflor, Diana, revela sus sentimientos por Teodoro, su secretario, durante el primer acto vemos el uso de voz en off para crear un espacio cerebral y personal (00:09:21). Este diálogo interior crea una relación íntima entre la psicología de los personajes en la pantalla y el espectador que replica el sentimiento del teatro con una técnica propia del cine.

Durante la película de Miró la perspectiva de la cámara también afecta la proximidad de la obra en la pantalla. En la mayoría de las escenas priman el plano medio y las tomas a media distancia con una variedad de primeros planos y acercamientos o close-ups. El cambio de perspectiva que sigue la cámara automáticamente realinea la mirada de la audiencia con un propósito estético. Los primeros planos crean intimidad, sensualidad y tensión. Los planos medios forman espacios completos, enraizado en la historia, y muestran varias reacciones de los personajes. Este es otro elemento de la estrategia de Miró para recrear la estética teatral en la pantalla. Por ejemplo, en el minuto 1:02:00 nos ofrece un primer plano muy potente que incluye el zapato de la condesa. El close-up destaca la metáfora entre el zapato fino y el monólogo de la condesa donde no puede remediar la diferencia entre la posición social de Teodoro y la suya. La cámara replica lo que un actor o actriz muestra en el teatro con el uso del accesorio simbólico.

La combinación de los espacios psicológicos y la proporción de primeros planos  y tomas de mediana distancia replican la sensualidad entre los actores que percibimos físicamente en un teatro. El perro del hortelano prospera con esta intimidad y por eso Miró recrea la tensión física de la obra usando mecanismos totalmente diferentes con la lengua de la cámara y los otras herramientas del cine.

A.R.

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